En el Zaragoza, como en la mayoría de los equipos, se producen casi todos los años fichajes frustrados, negociaciones más o menos intensas (y más o menos reales) que acaban en agua de borrajas; hace ya muchos años vivimos el "culebrón Gallego". Acababa de empezar la temporada 199-91 y el paniorama del Real Zaragoza era bastante oscuro.
La temporada anterior había acabado discretamente, con una breve participación en la Copa de la UEFA (triste e injusta eliminación en Hamburgo) y una irregular marcha en la Liga: había problemas entre la directiva y Ratomir Antic y eso se notaba. El equipo del serbio se desmanteló al acabar la campaña: Villarroya se fue al Madrid y Juanito al Atlético, mientras Juan Señor abandonaba tempranamente el fútbol por una lesión de corazón. Los fichajes que hizo Zalba no eran de primer nivel: los uruguayos Poyet y Edison Suárez, el goleador del Valladolid Peña, el asturiano Esteban, procedente del Real Madrid y un entonces desconocido Aguado y, para colmo, la semana anterior a comenzar la Liga Jesús Gil nos la gasta y se lleva a Juan Vizcaíno aprovechando una claúsula de su contrato.
El club fichó deprisa y corriendo a Lizarralde, un retal del Athletic tan luchador como limitado técnicamente, pero se veía que era a todas luces insuficiente para tener un equipo de garantías. De hecho, el Zaragoza perdió los cuatro primeros partidos ( 1-0 en el viejo Atocha, 0-1 ante el Logroñés, 2-1 en Oviedo y 1-3 ante el Real Madrid), lo que llevó a la directiva a plantearse un revulsivo que hiciera reaccionar al equipo y dotase de cierto nivel a un centro del campo que había perdido todos sus efectivos y en el que Edison Suárez solamente aportaba aisladas "virguerías".
Estoy seguro que sonaron más jugadores que ahora no recuerdo, pero el elegido para dirigir la orquesta aragonesa fue el veterano ex-jugador del Real Madrid Ricardo Gallego, un fino interior que había destacado en el club merengue y en la selección española, tal vez algo hinchado por la prensa de la capital de España, tan propensa a engordar el nivel de los jugadores que se alinean cada quince días en el Santiago Bernabeu.
Gallego estaba en Italia apurando sus últimos años como profesional del fútbol y militaba en las filas del Udinese, un equipo que, sin ser de primera fila, siempre ha sido un clásico del Calcio. Cuando una afición está desesperada y tiene a su equipo con el agua al cuello, es capaz de ilusionarse con cualquier cosa, y aunque se trataba de un jugador en declive y el madrileño era un jugador más bien frío e inconstante, en el ambiente zaragocista se esperaba con ilusión que la operación llegara a buen puerto. En los medios informativos se aseguraba lo de tantas veces: "tan sólo quedaban flecos", pero la firma del "soso" no se producía y cuando se anunciaba la llegada del día "D", el tema se retrasaba. Creo recordar que se habló de que Gallego quería un tiempo para pensarlo .... tiempo que se prolongó hasta el punto de acabar por desecharse el fichaje. Imagino que las razones del fracaso de la negociación no acabaron de conocerse bien nunca, pero Gallego no jugó en el Zaragoza.
La directiva acabó optando por traer a Dorin Mateut, un rumano del Dynamo de Bucarest que había sido bota de oro.