La verdad es que es buena, la pego aquí.
Hay que fichar un delantero, por Enrique Ballester
Enrique Ballester
3-4 minutos
El verano del 2026 tiene días buenos, días malos y días ni buenos ni malos. Algo absolutamente revolucionario. No como los veranos del 2025 o el 2024, que tuvieron días buenos, días malos y días ni buenos ni malos. No como el otoño, el invierno, la primavera y tu equipo de fútbol que, en cambio, depararán días buenos, días malos y días ni buenos ni malos en el calendario. Habrá que estar preparados.
Empezamos el verano prometiendo que nunca olvidaríamos a Cabo Verde. No recuerdo bien por qué no íbamos a olvidar a Cabo Verde, pero recuerdo que iba a ser inolvidable lo de Cabo Verde. Espero que no se lo creyeran en Cabo Verde. Espero que se centren en buscar una buena jubilación por su cuenta, y no vengan dentro de un tiempo a pedirnos favores los de Cabo Verde porque se creyeron de verdad que íbamos a ser sus amigos, y que nunca olvidaríamos a Cabo Verde.
Ha sido un verano muy exigente para los que saben: nos han explicado el Mundial, la extinción de incendios, la movida del eclipse y la geopolítica con Marruecos y todo eso. Seguro que nos han explicado más cosas inolvidables que ya he olvidado igual que a Cabo Verde.
Por mi parte, decidí sorprender y pillé el covid. Increíble maniobra: pillar el covid en 2026 y encima que te afecte. Ahora voy a por otras enfermedades olvidadas, tipo la escarlatina o el escorbuto, y alguna quizá que pueda importar de Cabo Verde.
Empezó la Liga
Mientras tanto, la Liga empezó y los equipos fueron fichando. La frase que más he escuchado este verano es la frase que más he escuchado en mi vida: "Hay que fichar un delantero". La segunda frase que más he escuchado este verano es también la segunda frase que más he escuchado en mi vida: "Hay que fichar a un delantero". Creo que las dos son correctas.
Según las últimas investigaciones, los señores que fundaron mi ciudad se juntaron una tarde y analizaron a la población recién llegada. Tenían policías, jueces, agricultores, panaderos, banqueros, barberos y ganaderos. Todo el mundo estaba conforme hasta que alguien apuntó: "Hay que fichar un delantero". Desde entonces, y vaya como vaya mi equipo y juegue en la categoría que juegue, siempre hay alguien que dice "hay que fichar un delantero".
Hay más. Hace un tiempo, mi abuelo convocó a toda la familia. En el lecho de muerte, me cogió la mano y, con voz solemne y aire grave, me comunicó algo extremadamente importante: "Hay que fichar un delantero". Fueron las últimas palabras de mi abuelo.
De hecho, en la oficina de extranjería de mi ciudad, circula un truco para poderte empadronar. Solo hay que acercarse a la ventanilla adecuada y susurrar: "Hay que fichar un delantero". Eso ahorra un montón de trámites y te da inmediatamente la nacionalidad.
Me gustaría ser ese delantero que tantos quieren fichar. Hay futbolistas que se han especializado en ello. Luego llega el invierno y ya piden fichar a otro, pero los delanteros saben que no es algo personal. Ese delantero aspiracional es algo más que un delantero. No importa si es bueno o malo, importa que sea nuevo. Importa que sea la supuesta solución sencilla a algún problema complejo. Es justo lo que a veces nos pasa con los trabajos, los políticos o las parejas, pero mejor no pensarlo. Mejor pedir que fichen un delantero.