¿Sabéis qué pasa? Que el Episodio VII fue el caldo de cultivo para el VIII. Pero los pobres fans, amparados en su ilusión, se taparon los ojos ante todas las incoherencias y decidieron tolerarlas para no sentirse decepcionados. La eterna batalla entre cómo le gustaría a uno que fueran las cosas y cómo son en realidad.
He visto 20 minutos por internet, en doblaje latinoamericano... y se me han hecho interminables hasta que lo he quitado. Y no ha sido ni por la pésima calidad ni por el insufrible doblaje. Sino porque era ridícula una escena tras otra. A mí no me toman más el pelo. Menos mal que no he tirado el dinero yendo al cine. Ya me esperaba esto.
Es como el Zaragoza de Natxo: se veía venir, pero los seguidores no querían verlo. En la anterior ya os plantaron a una jedi femenina (¿por qué tenemos heroínas guerreras hasta en la sopa?) que aprendía la Fuerza a lo L’Oreal, porque ella lo vale; a un villano infantil y locaza enfadado con el mundo por su reprimida homosexualidad; y un guión sustentado únicamente por la carga emocional de ver a los abuelos que protagonizaban las pelis clásicas de la saga. Pero os gustó. Os tocó la patata lo meramente emocional, que es lo fácil, e ignorasteis todas las incongruencias. Pues premio. Porque, simplemente, ha seguido por la misma dirección.
Lo peor de todo es que estas pelis no las han hecho para vendéroslas a vosotros, porque con eso ya cuentan, con que compráis el producto solo por ver a los abuelos y algo que os mola desde la infancia. Insisto, tirón emocional facilón. En realidad van dirigidas a las nuevas generaciones, por eso son pelis basadas en efectos especiales, con guión prefabricado y personajes infantiles. Y saben que la siguiente la iréis a ver igualmente aunque solo sea por ver si acaba dignamente. El caso es que pagaréis los euros, que es lo único que importa a quien quiere vender un producto.
Si hasta os meten el puto cambio climático así destrangis...
PD: Ah, y sin olvidar el rollete interracial. Ni los valores que transmite, como renunciar a todo lo antiguo, quemar los libros, etc. Nada de eso es casual.